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"El hábito no hace al monje"
Reflexiones acerca del diseño, el lenguaje y la educación

Las opiniones expresadas en este documento son las del autor y no reflejan necesariamente las de las diversas fuentes a las cuales se hace referencia.
El título de este trabajo surge como resultado de un conjunto de reflexiones que durante los últimos años
he venido manejando acerca del tema del diseño, inicialmente en su más amplio espectro y ulteriormente en el diseño de objetos de consumo, llámese diseño industrial o diseño de producto; así como el lenguaje y la educación. Entre otras cosas intentaré, a lo largo del presente texto, enunciar y dar un conjunto de ejemplos que ilustren de una manera clara, concreta y precisa la idea de cómo en la sociedad actual (no intento con esto decir que sea algo exclusivamente reciente) existe una fuerte presencia de ideologías que se sirven de estos objetos como los vectores a través de los cuales éstas ideologías son, si se quiere, diseminadas o insertadas en la sociedad contemporánea. Al hablar de sociedad contemporánea me refiero a las poblaciones urbanas y rurales del mundo. No me merece la pena y me resulta irrelevante hacer la distinción entre ambos entornos, así como tampoco considero relevante establecer en este momento una diferenciación en cuanto a la fisionomía de lo que se considera como sociedad mediante especificidades de etnia, credo, geografía y demás. Está más que claro que vivimos en un mundo de sociedades plurales, en el cual existe un intercambio cada vez más pronunciado y acelerado entre sus distintos pobladores. Intercambio que se lleva a cabo de múltiples maneras, sin embargo y a pesar de esta multiplicidad me inclino a utilizar como metáfora el proceso de permeación pues me parece que ilustra bastante bien esos múltiples intercambios que menciono.

Retomando el título y tema central daré ahora una explicación nada exhaustiva sino más bien superficial del asunto.

Además de arquitecto y diseñador, soy ciclista, no se piense con esto que tengo el ciclismo como una profesión, soy simplemente ciclista, si se me apura en lo específico diré que soy un ciclista aficionado. A pesar de haber aprendido a montar bicicleta a muy temprana edad, no ha sido sino en los últimos 15 años cuando he notado que la curva de mi afición al ciclismo se ha ido pronunciando. A través de estos años he notado con cierta curiosidad y asombro cómo en el ciclismo se ha ido gestando una especie de exacerbación comercial de toda la parafernalia asociada a esta actividad física. Quiero en este punto hacer la aclaratoria que no se trata que considere este fenómeno exclusivo del ciclismo, sino que sencillamente por ser un tema que conozco con bastante proximidad (sin considerarme un experto) prefiero servirme del mismo para ilustrar y hablar con propiedad acerca del tema central: el hábito y el monje.

El verano pasado tuve la ocasión de leer en Huck Magazine de abril/mayo 2013 la entrevista que le hace Tetsuhiko Endo al gurú del ciclismo Grant Petersen en la cual además se reseña su libro “Just Ride” el cual (entre muchos otros temas) es una especie de corolario de mis observaciones y si se quiere, mi preocupación acerca de la exacerbación de lo que tiendo a denominar: parafernalia ciclista.
En pocas palabras y para poder avanzar hacia el interés de fondo de este texto, podría parafrasear la tesis del libro de esta manera: Si tener una buena condición física y contar con una bicicleta de último modelo junto con todos los accesorios, equipos de control y medición de tiempo, pulsaciones, recorrido, iluminación, así como proveerse con el calzado y vestimenta que utilizan los ciclistas profesionales (lo equivalente al hábito) no te va a convertir en un ciclista profesional (en un monje) ¿Por qué no simplemente andar en bici por el placer de andar en bici?
Bastaría con observar un poco cualquier ciudad europea (y muy probablemente cualquier ciudad en otro
continente) para darse cuenta que alrededor del tema de la bicicleta existe una especie de variedad exagerada y un tanto absurda en cuanto a los tipos de vehículos que son utilizados y en muchos casos subutilizados. No pretendo con esta observación aseverar que el ciudadano no haya de tener la libertad de poseer y usar a diario en la ciudad la bicicleta que se le antoje, pero como dicen en España: un poquito de por favor (un llamado a la cordura). Cabe preguntarse por ejemplo: ¿Cuál es el beneficio o ventaja de rodar en una ciudad plana con una bicicleta de downhill? O ¿Por qué llevar un casco aerodinámico si solo se va a recorrer una distancia de pocos kilómetros a velocidades inferiores a los 20 Km/h? Seguramente habrá muchos que aleguen que esa es la única bicicleta que tienen, o que se la regalaron, o que no tienen espacio en su casa para tener otra, etc. Quizá sea un argumento válido en algunos casos, pero pongo realmente en duda que su validez se aplique a la mayoría.

La entrevista comienza con la siguiente pregunta:
“¿Cuáles son los aspectos de la influencia del ciclismo de ruta sobre el ciclismo recreacional a los que tanto te opones?
La vestimenta, el equipamiento y la intensidad. Por otra parte, los adultos normales se comportan como niños mirando ciclistas profesionales como modelos a seguir, queriendo ser como ellos y creer que, ‘Hey, si BW [Bradley Wiggins] usa pantalones cortos de spandex con una gamuza color crema para sus entrenamientos de noventa millas, yo voy a beneficiarme de lo mismo en mis paseos de dos a trece millas.’ Esto no es así. [...] La ropa tiene un efecto insidioso. No es sólo función. Afecta también a tu actitud en la bicicleta. Es lo que yo llamo, “El efecto uniforme”*1, que simplemente señala que la ropa que usas afecta tu comportamiento y actitudes (que el hábito hace al monje)*2. Si te pones cuero y cadenas y grandes botas viejas, tienes la tendencia a caminar como un chico malo ... [Así que] si te vistes como un corredor se tiende a correr como uno ... La bicicleta de carreras es sólo una extensión de la ropa. Todos hemos oído la expresión: “A un hombre con un martillo, todo le parece un clavo.” Bueno, para un hombre o una mujer en una bicicleta de carreras, cada viaje tiende a tener una intensidad que no tendría si la bicicleta fuese más normal. Así que de esa manera, la ropa de competencia y las carreras de bicicletas hacen que resulte difícil e incluso antinatural, disfrutar de un paseo en bicicleta - de ir casual.” (1)

Aparentemente el humano en ciertas ocasiones experimenta una suerte de necesidad por convertirse, o mejor dicho, creer que se convierte en algo que aún no es (y probablemente nunca llegue a serlo) mediante lo que podemos llamar una operación cosmética. Operación que consiste en dotarse de un cierto número de elementos hasta cierto punto ajenos a su naturaleza, a su condición, a su verdadera situación de ser en el mundo. Elementos como el vestido, calzado, accesorios, joyas, perfumes, maquillaje, comienzan a tener un significado y un valor aparente bastante pronunciado e importante en la cotidianidad, al punto de convertirse o más bien atribuirles la condición de esenciales, de indispensables. Como analogía se podría decir que los miembros de la sociedad nos hemos ido convirtiendo en personajes de una puesta en escena pseudo teatral, en la cual el público y el escenario se permean entre sí, los roles se intercambian a veces hasta un punto en el cual cuesta mucho reconocer quién es quién. El telón pareciera siempre estar arriba y los actores pareciésemos experimentar una suerte de amnesia del libreto de la existencia si nos viésemos despojados de nuestro atuendo.

Aparentemente hay una aversión y un miedo a convertirse en alguien común, convencional y/u ordinario, a dejar de ser especial, o de sentirse único. Olvidándose que cada ser humano es único y especial, pues la individualidad es única por definición. Es quizás a partir de este miedo o aversión a lo convencional que comienzan a desarrollarse conductas y hábitos con cierta tendencia patológica, distorsionantes de la realidad, en cierto modo alucinatorios. La distorsión comienza a tomarse como lo cierto y válido. Esa necesidad de singularidad pareciera no ser puesta en duda. La duda remueve las bases de la identidad (una identidad hasta cierto punto falsa), causa inseguridad y se tiende a buscar el camino fácil y corto hacia lo seguro, sin cuestionarnos, sino afirmándonos ideologías que pudieran no ser ni ciertas ni realmente convenientes.

En clara sintonía con éstas ideas, resulta oportuno y conveniente hacer referencia al texto situacionista “La sociedad del espectáculo” del filósofo francés Guy Debord, a pesar que el marco ideológico del mismo vaya mucho más allá de los términos estéticos.
“Toda la vida de las sociedades en las cuales reinan las condiciones modernas de producción, se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo aquello que ha sido vivido directamente se ha alejado en una representación... El espectáculo se representa a su vez como la misma sociedad, como una parte de la sociedad y como instrumento de unificación. Una parte de la sociedad es expresamente el sector que concentra toda mirada y toda conciencia. El mismo hecho que este sector esté separado, lo hace el lugar de la mirada engañosa y de la falsa conciencia; y la unificación que este consigue no es más que el lenguaje oficial de la separación generalizada... El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas, mediatizada por las imágenes... El espectáculo se presenta como una positividad enorme indiscutible e inaccesible. No es más que « aquello que aparece es bueno, aquello que es bueno aparece ». La actitud que por principio exige es la de la aceptación pasiva, la cual de hecho ya la ha obtenido por su manera de aparecer sin reclamo, por su monopolio de la apariencia... El espectáculo es el heredero de toda la debilidad del proyecto filosófico occidental que fue una comprensión de la empresa, dominada por las categorías de la visión, así como también está basado en el despliegue constante de la racionalidad técnica precisa la cual es el sujeto de este pensamiento. Él no realiza la filosofía, sino que filosofiza la realidad. Esta es la vida concreta de todos, la cual se ha degradado en un universo especulativo... En la medida en que la necesidad sea socialmente soñada, el sueño se vuelve necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada, la cual solo expresa en última instancia su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño... Este es el principio del fetichismo de la mercancía, la dominación de la sociedad por « cosas suprasensibles en lugar de cosas sensibles”,
con el cual funciona totalmente el espectáculo, en el que el modo sensible se encuentra reemplazado por una selección de imágenes que existen por encima de él, y el cual al mismo tiempo se hace reconocer como lo sensible por excelencia.”(2)

Como seres en el mundo, participamos en mayor o menor grado en estos procesos ideológicos. De nada sirve ir por la vida con una actitud radicalmente pesimista así como tampoco con una radicalmente optimista, en lo personal me inclino hacia la alternativa posibilista. Estando los humanos dotados con esa extraordinaria cualidad cerebral y por lo tanto mental, hemos de estar constantemente conscientes de esta gran capacidad que tenemos para resolver problemas, para prefigurar soluciones. Hay muchas denominaciones y términos aplicables a este proceso, a saber: la creación, la invención, el diseño; todos estos parten del mismo punto: prefigurar y dar solución a un problema determinado.
Desde muy temprana edad me he ido disciplinando de manera concienzuda en establecer con claridad los métodos que alimentarán este proceso que para los efectos llamaremos diseño.

Comencemos entonces por establecer la definición del término:

“El diseño se define como el proceso previo de configuración mental, “pre-figuración”, en la búsqueda de una solución en cualquier campo. Utilizado habitualmente en el contexto de la industria, ingeniería, arquitectura, comunicación y otras disciplinas creativas.
Etimológicamente deriva del término italiano disegno dibujo, designio, signado, “lo por venir”, el porvenir,
visión representada gráficamente del futuro, lo hecho es la obra, lo por hacer es el proyecto, el acto de diseñar como prefiguración es el proceso previo en la búsqueda de una solución o conjunto de las mismas.”(3)

diseño.
(Del it. disegno).
1. m. Traza o delineación de un edificio o de una figura.
2. m. Proyecto, plan. Diseño urbanístico.
3. m. Concepción original de un objeto u obra destinados a la producción en serie. Diseño gráfico, de modas,
industrial.
4. m. Forma de cada uno de estos objetos. El diseño de esta silla es de inspiración modernista.
5. m. Descripción o bosquejo verbal de algo.
6. m. Disposición de manchas, colores o dibujos que caracterizan exteriormente a diversos animales y plantas.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados (4)

Teniendo clara la definición del término creo será más fácil convenir que el diseño ha acompañado al humano civilizado desde siempre y a este respecto se me hace oportuno nombrar a un personaje que junto a muchos otros ha sido fundamentalmente influyente en mi proceso de disciplinarme mentalmente y reafirmarme que como diseñadores tenemos un papel y sobre todo una responsabilidad inmensa ante el mundo. Este personaje es Richard Buckminster Fuller y aprovecho la mención para citar el inicio de la transcripción que se hizo de su serie de charlas “Everything I Know”:

“Tratamos de pensar en cuál es la información más primitiva que tenemos con respecto a nuestra experiencia extraordinaria, y creo que elegiremos el hecho que toda la humanidad siempre ha nacido desnuda, absolutamente desvalida, durante meses y aunque dotada con un hermoso equipo, a medida que aprenderemos más adelante, sin experiencia y por lo tanto absolutamente ignorante. Ahí es donde toda la humanidad siempre ha comenzado. Y hemos llegado al punto en que, en nuestro ensayo y error para encontrar el camino, estimulados por un hambre y una sed diseñadas, siendo éstos impulsos conscientes; concebidos como impulsos procreativos, teniendo una enorme cantidad de los mismos, más adelante aprenderemos acerca del diseño del procesamiento automatizado de las interrelaciones de todos los átomos de nuestro organismo, y a partir de entonces, tendremos conciencia del hambre, la cual nos da un impulso para movernos… para ir a buscar, para experimentar. No contando el hombre entonces con ningún libro de reglas, nada que le dé cuenta acerca del Universo, ha tenido que encontrar su camino en su totalidad realmente por ensayo y error. No tenía palabras ni experiencia para suponer que la otra persona cuenta con una experiencia. Era una manera inicial muy limitada de comunicación. Ahora sabemos que los seres humanos han estado en nuestro planeta probablemente durante 3 1/2 millones de años y hasta donde podemos ver, sin experimentar muchos cambios fisiológicos, con más o menos el mismo esqueleto, y según lo que podemos aprender de los seres humanos en su más temprana era registrada de comunicación, medida en cierto grado, la gente en la India y en China hace 5.000 años, estaban pensando extraordinariamente bien en los términos de todo lo que sabemos acerca de nuestra experiencia, la manera en que hemos sido capaces de resolver experiencias en el descubrimiento de principios que parecen ser operativos en nuestro Universo.”(5)

Se puede entonces afirmar que somos responsables del mundo que nos vamos haciendo en la medida que nuestras vidas se desarrollan en este. Nuestras aficiones, afiliaciones, aptitudes, intereses, actividades, obras y quehaceres, esa amalgama de asuntos que solemos llamar vida, son el reflejo de ese mundo interior individual, de la mente, la conciencia; siendo estas a su vez afectadas, estimuladas, por el entorno en el cual nos desenvolvemos, por sus componentes físicos y metafísicos.

Con cierta frecuencia y en diversos contextos se mencionan los términos de: lo ‘natural’ y lo ‘artificial’ y casi siempre se comete el error conceptual de denominar ‘artificial’ a lo ‘desconocido’. Si me preguntasen ¿cuáles de los objetos componentes de mi entorno inmediato son naturales o artificiales? respondería que todos son naturales, pues el hecho que determinado objeto haya sido creado o producido por el hombre no lo convierte en algo artificial, si la naturaleza lo permite es natural, si no no existe, puede haber algo desconocido para unos, pero esto no lo hace algo artificial. El problema es que nuestro cerebro tiende y ha sido amaestrado para lidiar con categorías, clasificaciones, que no son incluyentes sino excluyentes, se tiende a razonar sobre la base de la sumatoria, la adición consecutiva, la serie de elementos y entidades en lugar del conjunto como entidad; hablamos de galaxias, vía láctea, sistema solar, planetas, tierra, océanos, continentes, países, ciudades, personas, animales, plantas, elementos, energía y así sucesivamente siendo todos estos elementos físicos, entrópicos, finitos.

Viene al caso hablar sobre los términos sinergia, sintropía, energía y entropía.

Sinergia.
(Del gr. συνεργία, cooperación) (synergeía)
1. f. Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.
2. f. Biol. Concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados (6)

He notado que existe una tendencia a hacer referencia a la sinergia en la disciplina del diseño, sin embargo me parece muy importante hacer la observación que por lo general la referencia se hace sobre su definición biológica, a saber, la cooperación o concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función; incurriéndose entonces en un error conceptual, pues no se está razonando integralmente de manera sinérgica sino que se esta operando puntualmente sobre una base sinérgica en términos de la cooperación. La energía, pienso que sabemos lo que es, sin embargo aseguremos su definición:

Energía.
(Del lat. energīa, y este del gr. ἐνέργεια) (enérgeia)
1. f. Eficacia, poder, virtud para obrar.
2. f. Fís. Capacidad para realizar un trabajo. Se mide en julios. (Símb. E).
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Entropía.
(Del gr. ἐντροπία, vuelta, usado en varios sentidos figurados) (entropía)
1. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.
2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.
3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.
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Sintropía.
La sintropía, también conocida como neguentropía o negantropía “...se puede definir como la tendencia natural de que un sistema se modifique según su estructura y se plasme en los niveles que poseen los subsistemas dentro del mismo. Por ejemplo: las plantas y su fruto, ya que dependen los dos para lograr el método de neguentropía.”
(9)

En cualquier disciplina es importante y fundamental el manejo apropiado de la información, del conocimiento, de la terminología, del lenguaje. A lo largo de los años he visto con asombro (y muchas veces con espanto) como el lenguaje se ha ido descuidando a tal punto que muchos estudiantes de diseño y arquitectura, diseñadores y arquitectos, etc. emplean diariamente un lenguaje inapropiado. Con esto no me refiero a un lenguaje soez o vulgar. Me refiero a la falta de disciplina, precisión y propiedad en el lenguaje y la terminología que se emplea. Recuerdo un incidente que experimenté en una de las cátedras de Historia de la Arquitectura que dicté entre 2004-2005 en la misma facultad de arquitectura donde me gradué: en uno de los dos exámenes de los cuales se comprendía el plan de evaluación, un estudiante cometió 27 faltas de ortografía en un texto con una extensión de una cuartilla, errores que iban desde tildes ausentes hasta vergonzosos ejemplos que prefiero omitir. Al inicio del curso se había convenido en una cuota de 1 punto menos por cada 4 errores de ortografía. Es decir, el estudiante en cuestión perdió casi 7 puntos por sus faltas. A cualquiera se le escapa una tilde, probablemente a mí se me habrán escapado algunas en este texto, pero 27 errores me pareció una aberración, algo inaceptable, sobretodo en el nivel de estudios superiores, a ese nivel no deberían cometerse errores de ortografía, al menos no de ese tipo y mucho menos en esa cantidad en un texto de unos pocos cientos de palabras.
Pero existen errores no menos graves que se cometen tanto por estudiantes como por profesionales, errores que para los efectos los llamaré de definición; y que también ponen en evidencia una falta de disciplina, una suerte de desidia lingüística. Son errores que consisten en llamarle ‘diván’ a un ‘sofá’, ‘sofá’ a una ‘poltrona’ ‘banco’ a un ‘taburete’, ‘pliegue’ a una ‘arista’, ‘cuadrado’ a un ‘rectángulo’, ‘esquina’ a un ‘vértice’, ‘redondo’ a lo ‘esférico’, etc.

El uso de la palabra, de la terminología, ha de ser un elemento más en nuestro haber. Ha de ser un componente de la disciplina del diseño a manejar con cuidado y precisión, como el trazo del lápiz o la pluma sobre el papel, como las coordenadas y otros datos que ingresamos en el diseño asistido por el computador. La palabras son datos, los datos son precisos, la precisión es sinónimo de calidad, certeza y exactitud. Me cuesta mucho pensar o creer que se pueda obtener la calidad sin la precisión. El lenguaje forma también parte de la estética. Cuando se describe un objeto en el marco profesional de la disciplina del diseño, sea este objeto un artefacto, una herramienta, un espacio construido o un mueble, se ha de operar con la metodología adecuada, los principios de la lógica, entre otros aspectos, han de ser aplicados. Por lo general resulta muy eficaz iniciar la descripción desde lo general hacia lo particular. Se ha de establecer un cierto orden, una jerarquía de temas, de aspectos, de partes, de componentes. El qué es vendrá antes del cómo es. Seamos discretos, precisos, disciplinados y correctos en nuestro hacer, en nuestro operar. Cultivemos la ética de manera integral, sin confundir esta integridad con lo radical, lo obsesivo, lo fanático.

Llamémosle a las cosas por su nombre.

Existe desde hace mucho tiempo y cada vez con más accesibilidad, una extensa bibliografía que puede y debe nutrir el conocimiento. La información está allí, sea en la casa de un colega, en la Biblioteca Municipal, en la de la Universidad o en el Proyecto Gutenberg. Muchas de las respuestas que necesitamos están allí, lo importante, la clave está en hacernos las preguntas correspondientes.

“Me parece que nuestro sistema de educación general en todo el mundo se organiza sobre la base del pequeño niño que es ignorante. Suponiendo que el niño que nace va a tener que aprender, que es en cierto sentido un recipiente vacío, que está esperando por la información que va a serle suministrada por los adultos; y entonces el niño demuestra una y otra vez un interés por el Universo entero. Un niño estará muy entusiasmado con
un planetario. Un niño pequeño hará las más bellas preguntas acerca del Universo entero, avergonzando continuamente a los adultos que se han vuelto muy especializados y no pueden responder a las grandes cuestiones globales. Nos encontramos entonces con el niño, con su propensión a comprender totalmente, listo para ser sinérgico, los seres humanos tienen la tendencia a ser sinérgicos, sin embargo nuestra educación, tiende
a decir “No te preocupes cariño, por ese universo, ven acá que te voy a dar una A y una B y una C, y luego, si te aprendes eso te voy a dar una D y una E y una F”. Seguimos añadiendo las partes. Hacemos lo que llamamos la construcción de un cuerpo de conocimientos, de ladrillo en ladrillo. Y todo esto me ha dejado perplejo y me ha estimulado a pensar en cómo podríamos de alguna forma u otra crear una reorganización de nuestra
propia educación, porque la educación es al final una auto-educación. Las experiencias estimulan, pero luego la importancia de la experiencia tiene que ser aprehendida y comprendida por el individuo y el sistema educativo sinérgico, entonces se produjo en mí una gran excitación y me pregunté cómo es posible que podamos hacerlo, parecería lógico, si se pudiese empezar con el propio Universo. Vamos a empezar con el todo, y luego tendremos que no habrá variables que queden fuera.”(10)

Quisiera concluir haciendo dos cosas.

La primera es dejar claro que al monje no lo hace el hábito sino su concienzudo rigor, su compromiso ético, su disciplina, su devoción vocacional. Hay un refrán que dice: “Si te lanzas al agua es mejor que nades”. El niño recién nacido sabe flotar, sabe parar la respiración una vez sumergido; pero progresivamente va perdiendo estas aptitudes, las va desaprendiendo y posteriormente le es necesario aprender a flotar y hacer apnea para poder
nadar. Habiéndonos lanzado en las aguas del diseño será mejor que nademos, desarrollando las técnicas que más nos convengan, improvisando, experimentando, pero por favor sin chapotear. A partir de la revolución industrial el mundo ha experimentado un cambio exponencial en las posibilidades de los modos de producción. Hoy en día se suele decir que es posible producir cualquier cosa, esto representa una gran ventaja sin duda alguna ya que gracias a esto contamos hoy en día con la realización de ideas verdaderamente geniales las cuales han aportado un beneficio tremendo a nuestra sociedad global, es un hecho indiscutible. Sin embargo esto tiene dos caras. La tecnología hace posible la producción de cualquier cosa, esto es cualquier cosa buena y mala. En las manos y mentes de los diseñadores está la responsabilidad que lo que se produzca sea lo bueno. Aprovechemos de manera ética y responsable las virtudes tecnológicas de nuestra era. La segunda es dar el siguiente listado de textos que a lo largo de mi vida y carrera he encontrado de extrema utilidad e inspiración, el orden no obedece a ninguna jerarquía o cronología:

• Operating Manual for Spaceship Earth por R. Buckminster Fuller
• Theory and Design in the First Machine Age por Reyner Banham
• Confesiones por San Agustín de Hipona
• La arquitectura moderna por Alan Colquhoun
• Modern Architecture, A Critical History por Kenneth Frampton
• Los diez libros de arquitectura por Vitruvio
• Ornamento y delito por Adolf Loos
• El Cuadrado, El Círculo y El Triángulo por Bruno Munari
• Bauhaus 1919-1933 por Bauhaus Archiv and Magdalena Droste
• The Sources of Modern Architecture and Design por Nikolaus Pevsner
• The Civilization of the Renaissance in Italy por Jacob Burckhardt
• Kant’s Theory of Taste: A Reading of the Critique of Aesthetic Judgment por Henry Allison
• Critique of Pure Reason/Critique of Practical Reason/Critique of Judgment por Immanuel Kant
• El Mundo como voluntad y representación por Arthur Schopenhauer
• Meditationes de Prima Philosophia por René Descartes
• Discours De La Methode por René Descartes
• The Book of General Ignorance por John Lloyd y John Mitchinson
• The Second Book of General Ignorance por John Lloyd y John Mitchinson
• Lo bello y lo sublime: ensayo de estética y moral por Immanuel Kant
• The Little Know-It-All: Common Sense for Designers by Silja Bilz
• Phenomenologie de la perception por Maurice Merleau-Ponty
• La société du spectacle por Guy Debord
• Joaquín Torres García, Sol y Luna del Arcano por Adolfo Maslach
• Housing for the Millions, John Habraken and the SAR (1960-2000) por Koos Bosma, Dorine van Hoogstraten y Martin Vos
• Arte y percepción visual: Psicología del ojo creador por Rudolf Arnheim
• Vers une architecture por Le Corbusier
• From Bauhaus to our house por Tom Wolfe
• Brave New World por Aldous Huxley
• L’Horla por Guy de Maupassant
• Las religiones del mundo: Hinduismo, budismo, taoismo, confucianismo, judaismo, cristianismo, islamismo y religiones tribales por Huston Smith
• Carlos Raúl Villanueva y La Arquitectura De Venezuela por Sibyl Moholy-Nagy
• Constructing Architecture / Materials, Processes, Structures por Andrea Deplazes
• En torno al lenguaje por Rafael Cadenas
• Le petit prince por Antoine de Saint-Exupery
• El príncipe por Nicolás Maquiavelo
• Cómo se hace una tesis por Umberto Eco
• Sobre la fotografía por Walter Benjamin

Referencias bibliográficas

(1) Grant Petersen, Buck the Race! en Huck 04/05 2013
http://www.huckmagazine.com/features/grant-petersen/
Texto original en inglés, traducción al castellano por el autor

(2) “La Société du spectacle” Guy Debord
éditions Buchet/Chastel, Paris, 14 novembre 1967.
Texto original en inglés, traducción al castellano por el autor

(3) http://es.wikipedia.org/wiki/Diseño

(4) http://lema.rae.es/drae/?val=diseño

(5) “Everything I Know” Richard Buckminster Fuller
http://bfi.org/about-bucky/resources/everything-i-know
Texto original en inglés, traducción al castellano por el autor

(6) http://lema.rae.es/drae/?val=sinergia

(7) http://lema.rae.es/drae/?val=energía

(8) http://lema.rae.es/drae/?val=entropía

(9) https://es.wikipedia.org/wiki/Neguentropía

(10) “Everything I Know” Richard Buckminster Fuller
http://bfi.org/about-bucky/resources/everything-i-know
Texto original en inglés, traducción al castellano por el autor

Notas

*1 - Énfasis por el autor
*2 - Comentario del autor
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Juan Alcalá
Zürich 2013